Un buen herraje puede durar décadas si se cuida bien. La buena noticia es que el mantenimiento correcto es sencillo y toma minutos. Esta es la guía esencial.
La regla de oro
Para prácticamente todos los acabados, lo único que necesitas es una solución suave de agua tibia y jabón neutro, aplicada con un paño suave. Limpia, enjuaga con un paño húmedo y seca de inmediato con un paño limpio para evitar marcas de agua.
Lo que debes evitar
- Limpiadores abrasivos y polvos de tallar: rayan y opacan el acabado.
- Fibras y esponjas ásperas: dañan la superficie, sobre todo en acabados como el bronce aceitado.
- Químicos agresivos (cloro, amoniaco, desengrasantes fuertes): pueden atacar el recubrimiento.
- Dejar humedad acumulada: seca siempre después de limpiar.
Por tipo de acabado
Acabados brillantes (níquel pulido, cromo, latón lacado): mantienen su brillo con limpieza regular y agua con jabón neutro; resisten el deslustre cuando se cuidan bien.
Acabados oscuros (bronce aceitado, negro mate): límpialos con paño suave y jabón neutro, y evita por completo lo abrasivo para no marcar la superficie.
Latón sin laca: es un acabado que evoluciona de forma natural con el tiempo; si prefieres conservar su brillo, púlelo ocasionalmente con un producto específico para latón.
Constancia, no esfuerzo
La clave no es limpiar fuerte, sino limpiar seguido y con suavidad. Una pasada rápida y regular conserva tus herrajes en mejor estado que una limpieza agresiva de vez en cuando.
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